Hojas Secas: la única alegría es ir a un festival un sábado a la noche

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Entro en el barrio Mondongo, un barrio habitado por obreros de la carne a principios del siglo pasado; un barrio bien tripero, dónde la mayoría de las esquinas están pintadas con los colores de Gimnasia y Esgrima La Plata y dónde se siente cada gol que hace el lobo como un rugido.

Me adentro por calle 5 y llego a la esquina de 63, camino unos metros más y me doy cuenta de que, por la gente en la vereda, las pintadas, la vidriera de una radio comunitaria como es Lumpen y la sensación de que está pasando algo, llegué a Casa Unclan. Saludo a los que están en la vereda y entro por el Garaje, saludo también a los que están en el pasillo y llego al auditorio principal.

Ahí está el escenario que vio pasar a bandas como Bestia Bebé, Santiago Motorizado, Los Reyes del Falsete, 107 Faunos y Hojas Secas, entre tantos. Veo que hay dos pibes sentados en el escenario, les pregunto por Lautaro Pugliese (baterista de Hojas Secas), me dicen que están tocando en la sala.

 

Por Juan Garuda.

 

Las salas de ensayo El Diablo Monserrat están en las habitaciones contiguas al auditorio principal, dos puertas antiguas indican su ingreso. Escucho desde afuera los graves que alcanzan a salir y me doy cuenta que no es Hojas Secas lo que suena.

Pido permiso y entro a la sala. Ahí están todos los Hojas Secas, con amigos, haciendolé el aguante al El 22: un pibe que canta lo que le pasa, sacado, con el micrófono en una mano y una caja de vino en la otra. Lucas Jaubet (cantante de Hojas Secas) está tirado en el suelo grabando con su computadora y una consola de dos canales; Franco Jaubet (bajista) está parado junto a la puerta escuchando la banda improvisada; Lucho Cannevaro (guitarrista) está metiendo unos arreglos con su guitarra eléctrica Riviera, de caja y con el pedal Jeckyll and Hyde puesto en el botón verde, endulzando la violencia; Lautaro Pugliese (baterista) está tocando el bajo y gritando los coros de la canción; y Santiago Fernández, (guitarrista) está escuchando y fumando un cigarro. A la batería está un amigo de la banda, Lucas Fumigador, y en otro rincón, escuchando, está Enrique, amigo de Santiago de toda la vida.

 

Termina la canción y me saludan todos. Se los ve felices. El 22 quiere tocar una más, pero Lucas le dice: “Ya fue, ya grabamos dos, otro día grabamos más”. Lucas Fumigador, Enrique y El 22 salen para el kiosco a comprar una birra, los Hojas Secas y yo nos vamos para la terraza de Casa Unclan a sacar un par de fotos y armar la entrevista. El ambiente es relajado, se siente que estamos en casa.

 

¿Cómo nació Hojas Secas? ¿Cómo se conocieron?

 

Somos una mezcla de compañeros de Bellas Artes, familiares, vecinos y conocidos de otro pueblo. Nos unieron las ganas de tocar y el puesto vacío que dejaban otros ex miembros al irse de la banda. No sé cuando nació la banda, venimos tocando desde el 2006 pero la banda se terminó de formar en 2011. Nuestro primer disco editado es del 2009 y se llama “Ya no importaba qué dirán en el barrio”.

 

¿Qué diferencias encuentran entre tocar en vivo, hacer canciones y grabar discos ahora que hace un par de años?

 

La principal diferencia es que cuando arrancamos no teníamos experiencia y ahora sí. Sigue siendo divertido y muy difícil a veces, eso no ha cambiado. Antes era todo prueba y error y volver a intentarlo. Ahora ya sabemos como preparar una grabación o una lista de temas en vivo. La forma de componer también fue cambiando, ahora todos metemos nuestras ideas. Lo difícil es elegir que idea queda y cual no.

 

Están trabajando en Laptra hace unos años, sello independiente que tiene entre sus filas a bandas como Él Mató a un policía motorizado y Bestia bebé. ¿Cómo es trabajar con Laptra? ¿En qué los complementa?

 

Laptra es un grupo de amigos, un círculo de confianza, lo que hacemos principalmente es comer asados y jugar PlayStation. Y un festival una vez al año. Charlamos mucho entre nosotros y nos vamos pasando ideas de como hacer las cosas, una gira, un diseño de un afiche, nos recomendamos lugares donde tocar y donde no, no hay mucho más que eso.

 

En la canción “Malambo de acero” de su último disco Vuelvo de madrugada (Laptra, 2015) la letra en un momento dice “Siento que la vida se me pasa y la reconcha de su hermana tengo que ir a laburar”, es una frase cruda y muy representativa para todos los que laburante. Ahora con este panorama actual de despidos masivos y escases de trabajo ¿qué piensan?

 

La letra de esa canción habla de alguien que no está conforme con su trabajo, se siente explotado y su única alegría es ir a un festival un sábado a la noche. Lo que nos pasa a todos creo. La situación actual nos hace pensar que todo puede ser peor, como por ejemplo que te despidan y no consigas otra cosa, que todo salga mucho más caro que antes, o que tu sueldo tenga menor valor adquisitivo. Creo que tenemos que hacer la segunda parte de Malambo de Acero.

 

¿Cómo es tocar en Capital teniendo una base en el sur del conurbano como es La Plata? ¿Qué piensan de la movida cultural platense?

 

Tocar en capital es muy distinto, va mucha gente totalmente desconocida para nosotros y esta la presión de tocar bien y que suene bien. Así el espectador se convierte en seguidor de la banda. En la Plata el público está más compuesto por amigos y gente que nos cruzamos en la semana, colegas de otras bandas, etc. Es algo más barrial si se quiere.

 

El arte de tapa de Vuelvo de Madrugada, su último disco editado, tiene un paisaje bien pampeano, un molino en el campo, con lo que parecen ser dos mujeres en una playa y unas máquinas de trabajo. ¿Por qué eligieron eso?

 

El arte de tapa lo hizo Romina Iglesias que es una artista plástica, ella nos dio varias opciones y elegimos esa. Nos pareció re flashera. Bueno está el campo, que somos los 5 integrantes de hojas del interior del país (Junín, Gualeguaychú y Esquel) y las herramientas que aparecen son de una vidriería, donde trabajamos Franco y Lucas.

 

¿Nos pueden adelantar algo de lo nuevo que están haciendo?

 

Estamos componiendo, y arreglando temas, les probamos cosas, partes, velocidades distintas, distintos sonidos y letras. Es el trabajo de un músico ese, nos encanta, es tedioso y frustrante a veces, porque un día te gusta mucho y al otro día no tanto. Y entonces volvés a cambiarle algo y nunca termina el trabajo. La idea es preparar bien las canciones así cuando llega el día de la grabación sabemos hacia donde llevar el sonido. Es la idea, pero la realidad, es que nunca sabemos cómo van a quedar.

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